miércoles, 20 de noviembre de 2013

Crónicas de Mochila I

Sus ojos despertando desprendían un cansancio casi absurdo, sentía demasiada calor como para seguir durmiendo, donde el deseo por un poco de agua se volvió casi incontrolable. Esquivando un par de cachureos logró salir de la carpa, donde al lado de una fogata ya apagada en su totalidad se encontraba una antigua cantimplora, que generó en su ser una felicidad exuberante. Ya finalizada su tarea dio inicio a lo que mas rechazo le generaba, ordenar. Al menos tardó media hora en poner todo en su lugar y así poder seguir su camino. Su memoria fallaba, no recordaba con quienes estuvo anoche, aquellos que de día huyeron quizás para seguir con sus respectivos caminos, suspirando una serie de recuerdos difusos prosiguió…

La carretera se hacia con cada paso mas eterna, de manera inimaginable, con una lucha interna, un fiel deseo de querer llegar a cualquier lugar sin importar donde, siguió su pequeña pero gran odisea.


Solo cerró los ojos por medio segundo para nosotros, pero para su imaginación fueron eternidades… Parecía la típica escena de un hippie de los años 60’s que consume LSD un arcoiris de colores penetrando su entorno conciente, variedad de sensaciones engañosas y fuera de lo normal, y visiones típicas de alguien con problemas para distinguir la realidad de lo irreal. Y así fue como sin saberlo llegó al lugar que siempre quiso estar sin saberlo exactamente. Todo le era bastante difuso, no se sentía del todo bien pero esa sensación otra vez… No lo entendía, al menos no por ahora.

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No olvidar

El mundo puede cambiar, siempre hay esperanza.