Sus ojos despertando desprendían un cansancio casi absurdo, sentía
demasiada calor como para seguir durmiendo, donde el deseo por un poco de agua
se volvió casi incontrolable. Esquivando un par de cachureos logró salir de la
carpa, donde al lado de una fogata ya apagada en su totalidad se encontraba una
antigua cantimplora, que generó en su ser una felicidad exuberante. Ya
finalizada su tarea dio inicio a lo que mas rechazo le generaba, ordenar. Al
menos tardó media hora en poner todo en su lugar y así poder seguir su camino. Su
memoria fallaba, no recordaba con quienes estuvo anoche, aquellos que de día
huyeron quizás para seguir con sus respectivos caminos, suspirando una serie de
recuerdos difusos prosiguió…
La carretera se hacia con cada paso mas eterna, de manera
inimaginable, con una lucha interna, un fiel deseo de querer llegar a cualquier
lugar sin importar donde, siguió su pequeña pero gran odisea.
Solo cerró los ojos por medio segundo para nosotros, pero
para su imaginación fueron eternidades… Parecía la típica escena de un hippie
de los años 60’s que consume LSD un arcoiris de colores penetrando su entorno
conciente, variedad de sensaciones engañosas y fuera de lo normal, y visiones típicas
de alguien con problemas para distinguir la realidad de lo irreal. Y así fue
como sin saberlo llegó al lugar que siempre quiso estar sin saberlo
exactamente. Todo le era bastante difuso, no se sentía del todo bien pero esa sensación
otra vez… No lo entendía, al menos no por ahora.
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