Por lo
general asumo mi desorden y convivo con el mismo, día a día sin mayor problema.
Quizás para momentos como este, en los que entre tanto desorden encuentro cosas
valiosas y con cierto sentimiento de nostalgia: algunos “te quiero”, unos
cuantos “te extraño”, cientos de garabatos que intentaron ser obras de arte y un
sinfín de escritos como el que recuperé de un cuaderno oxidado por los años de
recuerdos y emociones…
Aquí un poco de lo que encontré:
La
teoría de las cuerdas…
En un
sentido extremadamente figurativo somos cuerdas muy diferentes, a diferentes
tensiones que moderan nuestro tono y de cierto modo tengo la seguridad de que
sonando juntos crearíamos una bella armonía. Obviamente no será eterna, el compás
de 4/4 no lo permitiría, y no te puedo decir que será la mejor melodía del
mundo. Pero puedo asegurarte tan solo una cosa: nos hará volar, siendo la
eternidad más breve que conocerás, pero eternidad de todos modos.
No
sabes que te escribo- ni yo lo sabía- es decir, por alguna razón tengo el
impulso de escribir, de escribirme, de escribirnos. Aunque todavía no consigo materializar lo que mi mente
intenta decirme a gritos… Cuando lo intento “escribir” se revoluciona, se
revoluciona por inmortalizarte, por inmortalizarme, por inmortalizarnos.
Tu melodía
armoniza cualquier vestigio de mi descontrol,
¿Lento
pero seguro?
Por cada
segundo que te pienso al instante me impaciento,
ni yo
comprendo muchas cosas de las que yo digo
pero tu
si…
El rompecabezas
parece armarse.
¡Ten
cuidado!
no divagues.
En mi
brutal día a día encuentro el dulzor en ese espejo de miel.
Por más
que intento no puedo despedirte de mí distorsión,
mi manga
no tiene sorpresas
ni tampoco
tengo sombrero de donde sacar conejos,
Sea lo
que sea, haga lo que haga
ni yo
comprendo lo que estoy haciendo.