Caminando
por un viejo pasaje de mi mente, disfruto de la lluvia que en ella permanece.
Al compás en que las gotas caen liberan con cada roce mínimo quien realmente
soy, erizan mi piel y purifican mi alma oxidando con sus pequeñas gotas las
cadenas que me aprisionaban. Las luces brillan con mayor nitidez mientras más
me acerco, un paso a la vez, solo eso es. En la libertad que solo la lluvia
puede otorgar comienzo a sentir el frio y me agrada, siento mi ropa humedecida
y pesada de tanta agua que absorbe y es en un respiro cuando cierro los ojos…
Con el
viento en mi pelo me siento parte de todos lados, el misterio esta en descubrir
el camino correcto pero la aventura yace en las múltiples opciones y
posibilidades que tienes para alcanzar a tu destino. Veo mil bifurcaciones
distintas, no son ilusiones, las puedo ver y sentir cada una como única en sí,
sabiendo que cada una lleva a lugares completamente distintos solo sigo mi
instinto que al final de cuentas es mi fiel compañero en esta travesía, fue
cuando elegimos uno de los miles de senderos…
Donde
el sol me ciega y la arena solo complicaba mi odisea fue entonces cuando me
pregunté ¿Por qué elegí este camino? La respuesta de nada serviría, ya no
divisaba el comienzo, la arena me impedía ver lo que estaba detrás de mí, y
solo me daba una opción “avanzar” con el paso de los días, en más de un par de
veces aluciné con unos oasis en el desierto que eran señal clara de que no duraría
mucho tiempo más en ese lugar, un día sin más preámbulos caí inconsciente a la
arena, por primera vez en semanas estaba descansando…
El aire
era distinto, el cansancio se había ido, junto con la noción de donde estaba.
Relojes de arena gigantes adornaban este desierto, cada uno con nombres
diferentes pero ninguno que me llamara a mí, solo recuerdo estar caminando
hasta que en la lejanía encontré un reloj particular: al menos dos metros de
alto, maderas viejas, vidrios trizados y solo un poco de arena por terminar de
caer. Instintivamente me acerqué y encontré la inscripción “Bardo” aquella que desapareció
en miradas y sin previo aviso el reloj de arena se destruyó, derrumbándose ante
mí, cada vidrio se lo llevo el viento para guardarlo y de las maderas que ahí quedaban
nació una brújula con una inscripción en su tapa posterior de madera, que decía: “Olvida tu pasado como las huellas
marcadas en la arena que fueron borradas por el sabio Sur, a tu Este se
encuentra el Ahora mientras que en el Oeste está el Entonces encargados de
mostrarte el mundo, y no olvides jamás lo que se encuentra a tu Norte que es el
motivo por el cual emprendiste el viaje” Las señales estaban claras y con
la caída de la noche, mis ojos se cerraron de nuevo…
Las
cadenas al oxidarse se convirtieron en algo fácil de romper, la brújula que
ahora tenía era perfecta para encontrar mis sueños, ya solo me restaba el paso más
difícil: salir de la caverna en la cual había despertado…
La
aventura terminó solo para comenzar otra, entre tantas cosas...