Mis ojeras se expanden, mis oídos agudizan, mis brazos se hartan de colgar y mis pies resignados a caminar. Recorriendo nuevos caminos, anhelo aquellos en los que quería perderme durante ocho lunas, las únicas ocho lunas que no se rigen con el tiempo. Lo único que queda conmigo es un pequeño amuleto, aquel que use como collar durante años, mi olor se podía sentir en el, mientras a contraluz ver mi esencia que me hace ver los vestigios del futuro, ¿que sombra extraña te oculto de mi? La mía fue la única culpable, esa es la verdad, inconfundible e innegable. Pronto me resigno a recostarme en el pasto, mirando al cielo veo una flecha salvaje que al pasar tiñe a la luna de un rojo sangre, que solo me hace recordar que esta es la octava luna y que sigo esperando en mi ingenuidad.
Pues yo te escribire
Yo te haré llorar
Mi boca besará
Toda la ternura de tu acuario
Los libros de la buena memoria - Flaco Spinetta
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