miércoles, 4 de junio de 2014

Entre tantas cosas

Caminando por un viejo pasaje de mi mente, disfruto de la lluvia que en ella permanece. Al compás en que las gotas caen liberan con cada roce mínimo quien realmente soy, erizan mi piel y purifican mi alma oxidando con sus pequeñas gotas las cadenas que me aprisionaban. Las luces brillan con mayor nitidez mientras más me acerco, un paso a la vez, solo eso es. En la libertad que solo la lluvia puede otorgar comienzo a sentir el frio y me agrada, siento mi ropa humedecida y pesada de tanta agua que absorbe y es en un respiro cuando cierro los ojos…
Con el viento en mi pelo me siento parte de todos lados, el misterio esta en descubrir el camino correcto pero la aventura yace en las múltiples opciones y posibilidades que tienes para alcanzar a tu destino. Veo mil bifurcaciones distintas, no son ilusiones, las puedo ver y sentir cada una como única en sí, sabiendo que cada una lleva a lugares completamente distintos solo sigo mi instinto que al final de cuentas es mi fiel compañero en esta travesía, fue cuando elegimos uno de los miles de senderos…
Donde el sol me ciega y la arena solo complicaba mi odisea fue entonces cuando me pregunté ¿Por qué elegí este camino? La respuesta de nada serviría, ya no divisaba el comienzo, la arena me impedía ver lo que estaba detrás de mí, y solo me daba una opción “avanzar” con el paso de los días, en más de un par de veces aluciné con unos oasis en el desierto que eran señal clara de que no duraría mucho tiempo más en ese lugar, un día sin más preámbulos caí inconsciente a la arena, por primera vez en semanas estaba descansando…
El aire era distinto, el cansancio se había ido, junto con la noción de donde estaba. Relojes de arena gigantes adornaban este desierto, cada uno con nombres diferentes pero ninguno que me llamara a mí, solo recuerdo estar caminando hasta que en la lejanía encontré un reloj particular: al menos dos metros de alto, maderas viejas, vidrios trizados y solo un poco de arena por terminar de caer. Instintivamente me acerqué y encontré la inscripción “Bardo” aquella que desapareció en miradas y sin previo aviso el reloj de arena se destruyó, derrumbándose ante mí, cada vidrio se lo llevo el viento para guardarlo y de las maderas que ahí quedaban nació una brújula con una inscripción en su tapa posterior de madera, que decía: “Olvida tu pasado como las huellas marcadas en la arena que fueron borradas por el sabio Sur, a tu Este se encuentra el Ahora mientras que en el Oeste está el Entonces encargados de mostrarte el mundo, y no olvides jamás lo que se encuentra a tu Norte que es el motivo por el cual emprendiste el viaje” Las señales estaban claras y con la caída de la noche, mis ojos se cerraron de nuevo…
Las cadenas al oxidarse se convirtieron en algo fácil de romper, la brújula que ahora tenía era perfecta para encontrar mis sueños, ya solo me restaba el paso más difícil: salir de la caverna en la cual había despertado…

La aventura terminó solo para comenzar otra, entre tantas cosas...

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No olvidar

El mundo puede cambiar, siempre hay esperanza.