Al menos para mi el veraneo constante de muchos me suena a
paz, a buenos ratos, a huellas de niño acompañadas por un par de pies un tanto
mas grandes que la arena escondió. Cuando niño solía ir a la playa los veranos
con mi familia, lo típico papá, mamá, hermano y un acompañante variable. Los
mejores momentos que recuerdo fueron allí, en esa playa en la simplicidad de
los tatuajes de fantasía que ofrecía un hippie con tinta, en los castillos de
arena, en las horas que cavábamos hoyos en la arena simulando pasadizos
secretos con mi hermano y porque no una trampa para la gente al cubrir esos
hoyos con unas toallas o una orgía de diarios, felicidad al alcance de una
pelota de mil pesos, de unas palmeritas, de pulgas de mar, de juegos con el mar
que me daba miedo pero me encantaba estar dentro de sus aguas. Momentos como
las salidas por la ciudad bella, los galletones que sabían tan rico, el
ascensor en el que me quede atrapado 30 minutos con mi tío hasta que me saco un
bombero – no entiendo cual era la prisa, al menos yo lo estaba pasando bien ahí
mi tío era tan buen conversador como persona y lo sigue siendo aunque tenga
problemas de memoria y no recuerde donde esta parado – esas carreras en
triciclos por av. Perú donde sentía que era mas rápido que el viento, y no
dejaba de pedalear por nada del mundo como si estuviese en una persecución, las
grandes comidas y las buenas noches con la familia, las estrellas que bailaban,
la vida bohemia a la cual miraba con misterio, la sensación de sentirme pleno
en lo sencillo, en jugar con Buzz Lightyear en la arena, en no quedarme
tranquilo hasta hacer una almohada de arena para poner mi toalla y descansar cómodo,
fueron buenos tiempos… En donde por el atardecer caminábamos en familia,
reconociendo la supremacía del sol que se escondía, no hay nada mas relajante
que disfrutar de un atardecer en la playa, recuerdo aquel supera al dolor en días
como este, donde esas memorias en forma de fotografías se quemaron por el fuego
de la indiferencia pero que están preparándose para reunirse de las cenizas
hasta formarse de nuevo y lograr paz nuevamente, eso es lo que es la playa para
mi, felices los que la conocen y alegres los que la van a conocer, disfruten de
su tranquilidad amigable.
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